En el año 337 d. C., un moribundo emperador Constantino fue bautizado: su último compromiso con un nuevo credo que marcaría el siguiente milenio de la historia de Roma y también el de la humanidad.
En el año 337 d. C., un moribundo emperador Constantino fue bautizado: su último compromiso con un nuevo credo que marcaría el siguiente milenio de la historia de Roma y también el de la humanidad.